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| DGD:
Postales, 2022-2026. |
r e t r a t o s (e n)
(c o n) p o s t a l e s
El teatro
y su doble (fragmentos)
Antonin Artaud
[En el teatro moderno los actores siguen desempeñando
los papeles de corifeos, bardos y rapsodas del mismo modo en que la pintura
rupestre era un ritual mágico tan complejo como los ritos órficos. Pirandello (1867-1936)
escribe: “El mundo no se limita a la idea que podemos hacernos de él: fuera de
nosotros el mundo existe por sí y con nosotros, y por lo tanto debemos
proponernos realizarlo en nuestra representación todo cuanto nos sea posible,
dándonos una conciencia en la que viva, tanto en nosotros como en sí mismo;
viéndolo como él se ve, sintiéndolo como él se siente”. (De “Ilustradores,
actores y traductores”.) En el mismo tenor, Antonin Artaud (1896-1948), el metafísico del teatro —según lo denominó Jean-Louis
Barrault—, había escrito El teatro y su
doble (Gallimard, París, 1938) con objeto de devolver todo su poderío al
antiguo concepto sagrado de representación.
He aquí algunos fragmentos de este libro. (DGD)]
Si el signo de la época es la confusión, yo veo como base de
esa confusión una ruptura entre las cosas y las palabras, las ideas, los signos
que son la representación de las cosas. [...]
Juzgamos a alguien civilizado
según el modo en que se comporta, y piensa como se comporta; pero ya en la
palabra civilización aparece la
confusión: para todo el mundo, alguien civilizado y cultivado es un hombre
modelado con base en sistemas, que piensa en sistemas, en formas, en signos, en
representaciones. Es un monstruo que ha desarrollado hasta el absurdo esa
facultad que tenemos de derivar pensamientos de nuestros actos, en vez de
identificar nuestros actos con nuestros pensamientos.
Como toda cultura mágica a la que descifran los jeroglíficos
adecuados, el verdadero teatro tiene también sus sombras, y de todos los
lenguajes y de todas las artes, es el único que todavía posee sombras que han
traspasado sus limitaciones. Y desde sus orígenes, podríamos decir que esas
sombras no han soportado limitaciones.
El verdadero teatro, por ser móvil y por valerse de
instrumentos vivos, sigue agitando sombras en las que la vida no ha dejado de
pulsar. [...]
El teatro
que no está en nada pero que se sirve de todos los lenguajes: gestos, palabras,
sonidos, fuego, gritos, se encuentra exactamente en el punto en el que el
espíritu tiene necesidad de un lenguaje para producir sus manifestaciones.
Tanto para el teatro como para la cultura, queda abierta la
cuestión de nombrar y dirigir a las sombras; el teatro, que no se fija en el
lenguaje ni en las formas, destruye por ese hecho a las falsas sombras, pero
prepara el camino para otro nacimiento de sombras en torno a las cuales se
congrega el verdadero espectáculo de la vida.
Destruir el lenguaje para tocar a la vida es hacer o rehacer
el teatro, y lo importante es no creer que ese acto debe seguir siendo sagrado,
es decir, reservado. Lo importante es creer que cualquiera puede hacerlo, y que
hace falta una preparación.
Esto lleva
a negar las limitaciones habituales del hombre y los poderes del hombre, y a
hacer infinitas las fronteras de aquello que llamamos la realidad.
Es necesario creer en un sentido de la vida renovado por el
teatro, en el que el hombre impávidamente se vuelve amo de lo que todavía no
es, y lo hace nacer.
Si el pueblo ha perdido el
hábito de ir al teatro, si todos hemos terminado por considerar al teatro un
arte inferior, un medio de distracción vulgar, y por utilizarlo como
receptáculo de nuestros malos instintos, es porque se nos ha dicho
reiteradamente qué era el teatro, es decir, una mentira y una ilusión. Es
porque nos han habituado desde hace cuatrocientos años, es decir, desde el
Renacimiento, a un teatro puramente descriptivo y que relata, que es una
crónica de la psicología. [...] El teatro, y nosotros mismos, debemos terminar
con la psicología.
Para quien ha olvidado el poder comunicativo y el mimetismo
mágico de un gesto, el teatro puede ser un recordatorio, porque un gesto lleva
consigo su fuerza, y porque hay en el teatro seres humanos para manifestar la
fuerza del gesto que se hace.
* * *
[Leer Reunión (39). Pájaros, 1]
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