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r e t r a t o s (e n) (c o n) p o s t a l e s
Stefan Zweig: la imparcialidad
[Stefan Zweig (Viena, Austria-Hungría, noviembre 28 de 1881-Petrópolis, Brasil, febrero 22 de 1942) debe merecidamente su fama a las imborrables biografías que dio a la imprenta; retratista de primer nivel, hizo desfilar ante su caballete a figuras como Erasmo de Rotterdam, María Estuardo, Verlaine, Americo Vespucio, Magallanes, María Antonieta, Montaigne, Romain Rolland, y en trípticos, a Balzac, Dickens y Dostoievski, Hölderlin, Kleist y Nietzsche, Casanova, Stendhal y Tolstoi... Con una mirada especialmente honda intentó incluso un retrato colectivo, ya sea en Momentos estelares de la humanidad o El legado de Europa, y ante todo en El mundo de ayer. Igualmente abarcadoras son su correspondencia con Rilke, Hesse, Joseph Roth, Richard Strauss, Pirandello o Romain Rolland (el acervo existente abarca más de diez mil cartas), sus crónicas de viajes y reseñas literarias (Encuentros con libros). Sin embargo, su deseo era ser leído también y sobre todo por su creación literaria, y de ahí las novelas (Impaciencia del corazón, La embriaguez de la metamorfosis, Novela de ajedrez), la profusión de novelas cortas (Ardiente secreto, Los ojos del hermano eterno, Miedo, Una historia crepuscular, 24 horas en la vida de una mujer, El amor de Erika Ewald) y de relatos coleccionados en libros como Amok, Calidoscopio, La mujer y el paisaje, Noche fantástica, Sueños olvidados, La estrella sobre el bosque, a lo que deben incluirse sus incursiones en la poesía (Cuerdas de plata, Las primeras coronas) y el teatro (Thersite, Jeremías, La casa al borde del mar). A este horizonte habría que añadir sus diarios y su libreto operístico La mujer silenciosa (1935, ópera prohibida casi de inmediato en Alemania).
Su deslumbrante y revelador El mundo de ayer (1942) inicia con una declaración de principios: “Jamás me he dado tanta importancia como para sentir la tentación de contar a otros la historia de mi vida. Han tenido que pasar muchas cosas, acontecimientos, catástrofes y pruebas, muchísimas más de lo que suele corresponder a una sola generación, para que yo encontrara valor suficiente como para concebir un libro que tenga a mi propio ‘yo’ como protagonista o, mejor dicho, como centro. Nada más lejos de mi intención que colocarme en primer término, a no ser que se me considere como un conferenciante que relata algo sirviéndose de diapositivas; es la época la que pone las imágenes, yo me limito a ponerle las palabras; aunque, a decir verdad, tampoco será mi destino el tema de mi narración, sino el de toda una generación, la nuestra, la única que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la historia”.
Una de las grandes características de Zweig es una necesidad de imparcialidad que podría llamarse dialéctica: cuando ha expuesto un tema y su punto de vista sobre éste, no evita dar la visión opuesta dejando al lector en completa libertad de elegir. Así, por ejemplo, cuando relata con detalle los años de sufrimiento que en Austria su generación debió soportar a causa de una educación escolar rígida, seca e intolerante (“Para nosotros, la escuela era una obligación, una monotonía tediosa, un lugar en donde se tenía que asimilar, en dosis exactamente medidas, la ciencia de todo cuanto no vale la pena saber”), al final no omite añadir que, de no haber sido por ese tormento y esa impaciencia por librarse de aquel fastidio rutinario, su generación difícilmente habría encontrado el refugio en los libros, la vida cultural y las manifestaciones artísticas (“nuestro afán de aprender, que estaba estancado, nuestra curiosidad intelectual, artística y de ocio, que en la escuela no encontraba alimento alguno, nos lanzó a una búsqueda apasionada de todo aquello que se producía muros afuera”), además de haber infundido en Zweig “el odio que siento por toda muestra de autoritarismo, por el ‘hablar desde arriba’, que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida”.
Ese sentido de imparcialidad, que vuelve tan vivos, palpitantes y casi podría decirse tangibles a sus textos biográficos, se extiende a lo largo y ancho de una obra torrencial signada por la honestidad y el asombro incesante. (DGD)]
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P O S T A L E S / D G D / E N L A C E S


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