viernes, 8 de mayo de 2026

Yeats: la memoria superior

 

DGD: Postales, 2022-2026.

 

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Yeats: la memoria superior

 

[La fundamental característica del poeta y dramaturgo irlandés William Butler Yeats (Dublín, junio 13 de 1865-Roquebrune-Cap-Martin, Francia, enero 28 de 1939) era una curiosidad sin límites, una sed de ahondamiento que en primera instancia lo llevó a recoger leyendas y fábulas y a escribir varias piezas teatrales inspiradas en la mitología celta y las tradiciones irlandesas. Esta faceta es la causa principal de que en 1923 le fuera otorgado el Premio Nobel de Literatura, “tanto por su obra”, escribe Juan Villoro, “de gran importancia dentro de la literatura irlandesa como elemento diferenciador de la cultura inglesa, como por su papel destacado dentro de la independencia de Irlanda”. Pero el interés de Yeats en lo legendario y mítico no era el del antropólogo o del historiador, sino parte de la búsqueda de un conocimiento superior codificado, que él sentía como base de toda exploración intelectual: el hombre busca y se conforma con lo que encuentra, puesto que siente que lo ha dominado, pero para Yeats esos hallazgos son apenas la punta de un iceberg siempre desatendido. Por ello se interesó en las áreas despreciadas o incluso proscritas de todos los territorios, el simbolismo, la magia, el hermetismo, el erotismo, la metafísica y sobre todo la poesía. Bien lo define Villoro como “Un personaje desmedido, deliberadamente único, que combina las ocupaciones mundanas con el disciplinado cultivo de sus visiones interiores”.

               Esta es la faceta menos conocida de Yeats. Sus biógrafos mencionan a regañadientes que “llegó a formar parte de la orden esotérica Golden Dawn” pero siempre en el tono de extravagancia, de “pecadillo” que puede perdonársele a la luz de sus logros literarios y nacionalistas. Pero no se trata de un apunte lateral sino central. Basta hacer el intento de averiguar un poco más acerca de esa misteriosa Golden Dawn para darse cuenta de que no cualquiera, ni siquiera un dramaturgo aclamado, podía llegar, como Yeats lo hizo durante años, al más alto de los cargos dentro en la Logia principal de la Golden Dawn en Londres, el de Imperator.

               La aventura intelectual de la Golden Dawn es conocida sobre todo por ciertas personalidades que se unieron a ella: además de Yeats, Arthur Machen (autor de The Great God Pan), Algernon Blackwood, Sax Rohmer, Bram Stoker (creador de Drácula). La Golden Dawn, según Jacques Bergier (autor junto con Louis Pauwels de El retorno de los brujos y, con este volumen, del realismo fantástico), estuvo a punto de convertirse en una “verdadera central de energía, una resplandeciente ciudadela que dominara al siglo XX. [...] Por muy escéptico que uno sea respecto a la magia —y mi escepticismo es bastante considerable—, no es menos cierto que la Golden Dawn consiguió una experiencia mágica inigualada, que yo sepa, en toda la historia de la humanidad. Y no sólo la consiguió, sino que también fue capaz de enseñarla. Durante milenios, el hombre soñó con un estado de conciencia más despierto que la propia vigilia. La Golden Dawn lo alcanzó”.

               El origen de la Golden Dawn es recuperado por Bergier en su revelador Los libros condenados (1971). En 1880 un clérigo inglés, Woodford, francmasón y rosacruz, encuentra en una vieja librería de Farrington Street unos manuscritos en clave y una carta en alemán. Ésta informa que quien los descifre podrá comunicarse, a través de un cierto intermediario, con una sociedad secreta alemana compuesta principalmente por alquimistas y llamada Sapiens Donabitur Astris. La SDA es célebre por haber salvado la vida de Goethe, ya desahuciado por la medicina oficial (cf. Goethe el alquimista, Oxford, 1952); se le conoce también por dos de sus miembros: Stephan George —creador de los “círculos cósmicos” opuestos al nazismo— y el conde Von Stauffenberg —organizador del atentado a Hitler del 20 de julio de 1944.

               Woodford descifra los manuscritos en colaboración con dos amigos, los doctores Woodman y Westcott, cabalistas. Tras comunicarse con la SDA, reciben instrucciones de proseguir sus estudios. A ellos se suma un extraño personaje, Samuel Liddell Mathers, casado con una hermana del filósofo Henri Bergson. Mathers redacta entonces el conjunto de los Rituales que llevan su nombre, compuestos —escribe Bergier— “por extractos del documento alemán original, por otros documentos poseídos por Mathers y por mensajes recibidos por su esposa a través de clarividencia. El conjunto es sometido en Alemania a la SDA, la cual autoriza al pequeño grupo inglés a formar una sociedad oculta y externa, es decir abierta, que se llamará Order of the Golden Dawn in the Outer (Orden del Alba Dorada en el Exterior). [...] En 1889 se crea oficialmente esta sociedad. Es de advertir que es esta la única vez, en el curso de los siglos XIX y XX, que una autoridad esotérica calificada, la SDA, concede autorización para fundar una sociedad exterior”.

               Los linderos en que se movía Yeats quedan perdurablemente establecidos en su ensayo “Magia” (1901): “Yo tengo fe en la práctica y en la filosofía de lo que hemos convenido en llamar magia, y [...] en la visión de la verdad, en las profundidades de la mente cuando nuestros ojos están cerrados; y tengo fe en tres doctrinas que nos han sido transmitidas desde épocas primitivas y que han servido de fundamento a casi todas las prácticas de magia. Estas doctrinas son: 1) Que los límites de nuestra mente se hallan en un estado de fluidez constante, y que muchas mentes pueden, por así decirlo, fusionarse para crear o revelar una mente única, una energía única. 2) Que los límites de nuestros recuerdos se hallan en un estado igual de fluidez y nuestras memorias forman parte de una inmensa memoria, la de la Naturaleza misma. 3) Que es posible evocar por medio de símbolos esta mente superior o esta memoria superior”. (DGD)]

 


 


 


 


 


 


 

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Jacques Bergier y Louis Pauwels: El retorno de los brujos. Una introducción al realismo fantástico (1960), Plaza & Janés, Barcelona, 1980; Debolsillo, Barcelona, 2016.

Jacques Bergier: Los libros condenados (1971), Plaza & Janés, Barcelona, 1984.

Ronald Douglas Gray: Goethe the Alchemist: A Study of Alchemical Symbolism in Goethe's Literary and Scientific Works (1952), Cambridge University Press, 2010.

Juan Villoro: prólogo a El crepúsculo celta y La rosa secreta, Reino de Redonda 6, Madrid, 2003.

William Butler Yeats: “Magia” (“Magic”), en The Monthly Review, Londres, 1901. Inc. en Ideas of Good and Evil (Ideas del bien y del mal), A.H. Bullen, Londres 1903.

 

 

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martes, 28 de abril de 2026

Reunión (36). Verdad y mentira, 4

 

DGD: Postales, 2022-2026.

 

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Reunión (36). Verdad y mentira, 4

 

[En Cristianópolis (1619), una especie de utopía sobre una ciudad cristiana ideal, Johann Valentin Andreae habla de la aletheia exul, la “verdad expatriada”, un término que para él se refiere a una verdad religiosa expulsada por una verdad surgida de las ciencias. Pero fuera de estos territorios permanece la noción de verdades expatriadas: todo aquello que estorba o de plano obstaculiza al orden establecido; verdades expatriadas, mentiras con derecho de ciudad. Como se ha dicho hablando de la estructura del Quijote: “Detrás de las burlas se ocultan las veras, y en las veras las burlas”, o dicho de otra manera: “Las mentiras se ocultan tras las verdades, y las verdades tras las mentiras”. Esta dinámica tiende a una especie de equilibrio, por lo que uno de los objetivos del arte es contrarrestar el reino de las burlas por medio de estas mismas; lo delinea con exactitud el personaje narrador de El zoológico de cristal de Tennessee Williams: “Un ilusionista ofrece una ilusión con apariencia de verdad; yo les entregaré la verdad con el amable disfraz de la ilusión”.

               Los infinitos matices del problema resultan notables en la profusión y contraste de las voces que lo han tratado; por ejemplo:

               La contradicción es tradicionalmente una “prueba” de verdad: “Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad” (Blaise Pascal).

               Una mentira a medias suele ser tomada por una verdad a medias (verdad y mentira no son entidades correspondientes): “Un vaso de vino medio vacío es también uno medio lleno, pero una mentira a medias no es de ningún modo una media verdad” (Jean Cocteau).

               La tabla de valores reposa en la postulación abstracta de una verdad absoluta que nunca sale de su abstracción: “Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa” (André Maurois).

               La “verdad absoluta” es una coartada: “No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de querer tratarlas como verdades absolutas” (Alfred North Whitehead).

               La verdad es socialmente intolerable: “No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa” (Francisco de Quevedo). “No todas las verdades son para todos los oídos” (Umberto Eco).

               La búsqueda de la verdad es a veces usada como verdad encontrada: “Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que dicen haberla encontrado” (André Gide).

               La verdad sólo comienza a traslucir cuando se ha eliminado un número suficiente de mentiras: “Sólo la mano que borra puede escribir la verdad” (Eckhart de Hochheim).

               El laberinto verbal es usado para acallar la verdad, aun cuando ésta sea puesta en palabras: “Las grandes verdades no suelen decirse hablando” (María Zambrano).

               Sólo el poeta escapa del laberinto verbal cuando equipara verdad y belleza: “La belleza es verdad; la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes sobre la tierra, y todo lo que necesitas saber” (John Keats). || (DGD)]

 

 


 


 


 


 


 


 

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