martes, 28 de abril de 2026

Reunión (36). Verdad y mentira, 4

 

DGD: Postales, 2022-2026.

 

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Reunión (36). Verdad y mentira, 4

 

[En Cristianópolis (1619), una especie de utopía sobre una ciudad cristiana ideal, Johann Valentin Andreae habla de la aletheia exul, la “verdad expatriada”, un término que para él se refiere a una verdad religiosa expulsada por una verdad surgida de las ciencias. Pero fuera de estos territorios permanece la noción de verdades expatriadas: todo aquello que estorba o de plano obstaculiza al orden establecido; verdades expatriadas, mentiras con derecho de ciudad. Como se ha dicho hablando de la estructura del Quijote: “Detrás de las burlas se ocultan las veras, y en las veras las burlas”, o dicho de otra manera: “Las mentiras se ocultan tras las verdades, y las verdades tras las mentiras”. Esta dinámica tiende a una especie de equilibrio, por lo que uno de los objetivos del arte es contrarrestar el reino de las burlas por medio de estas mismas; lo delinea con exactitud el personaje narrador de El zoológico de cristal de Tennessee Williams: “Un ilusionista ofrece una ilusión con apariencia de verdad; yo les entregaré la verdad con el amable disfraz de la ilusión”.

               Los infinitos matices del problema resultan notables en la profusión y contraste de las voces que lo han tratado; por ejemplo:

               La contradicción es tradicionalmente una “prueba” de verdad: “Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad” (Blaise Pascal).

               Una mentira a medias suele ser tomada por una verdad a medias (verdad y mentira no son entidades correspondientes): “Un vaso de vino medio vacío es también uno medio lleno, pero una mentira a medias no es de ningún modo una media verdad” (Jean Cocteau).

               La tabla de valores reposa en la postulación abstracta de una verdad absoluta que nunca sale de su abstracción: “Sólo hay una verdad absoluta: que la verdad es relativa” (André Maurois).

               La “verdad absoluta” es una coartada: “No hay verdades absolutas; todas las verdades son medias verdades. El mal surge de querer tratarlas como verdades absolutas” (Alfred North Whitehead).

               La verdad es socialmente intolerable: “No se debe mostrar la verdad desnuda, sino en camisa” (Francisco de Quevedo). “No todas las verdades son para todos los oídos” (Umberto Eco).

               La búsqueda de la verdad es a veces usada como verdad encontrada: “Cree a aquellos que buscan la verdad, duda de los que dicen haberla encontrado” (André Gide).

               La verdad sólo comienza a traslucir cuando se ha eliminado un número suficiente de mentiras: “Sólo la mano que borra puede escribir la verdad” (Eckhart de Hochheim).

               El laberinto verbal es usado para acallar la verdad, aun cuando ésta sea puesta en palabras: “Las grandes verdades no suelen decirse hablando” (María Zambrano).

               Sólo el poeta escapa del laberinto verbal cuando equipara verdad y belleza: “La belleza es verdad; la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes sobre la tierra, y todo lo que necesitas saber” (John Keats). || (DGD)]

 

 


 


 


 


 


 


 

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sábado, 18 de abril de 2026

Reunión (35). Verdad y mentira, 3

 

DGD: Postales, 2022-2026.

 

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Reunión (35). Verdad y mentira, 3

 

[En el prólogo a Santa Juana (1923), Bernard Shaw escribe: “La verdad está atravesada en nuestras gargantas con todas las salsas en las que se la sirve, y nunca la podremos tragar sino hasta que la tomemos sin salsa alguna”. En Hombre y superhombre (1903) Shaw había citado una amarga frase antigua dirigida a los niños: “Si no quieres que te digan mentiras, no hagas preguntas”. Y es que la propia vida familiar se centra en poner el acento en las salsas con las que se sirven las verdades, y no en las verdades mismas, a tal grado que Shaw llega a exclamar: “Los niños mejor criados son los que han visto a sus padres como son. La hipocresía no es el primer deber del padre”. La misma mecánica resulta infaltable en la vida social, y además no se encuentra nada oculta; por ejemplo, en una reciente serie televisiva norteamericana un personaje asevera: “Las personas mienten sin cesar al no decir lo que piensan, o al decir lo que no piensan; mienten al no decir lo que quieren decir, sino lo que creen que su interlocutor quiere oír”.

               Malcolm de Chazal (1902-1981), en su célebre carta abierta a Sartre en crítica severa al existencialismo, exclama: “Estoy más allá de las escuelas y no intento crear ninguna. La escuela, por sí misma, es una señal de que la verdad está clausurada”. Y en su otra no menos famosa carta abierta a André Gide, Chazal especifica: “La verdad reluce tanto más cuanto que viene de los trasfondos de la Caja de Pandora de lo Invisible. La poesía en mi obra es un don suplementario: mi verdadera búsqueda es el sentido oculto de las cosas, la Verdad íntima de lo Viviente”. La gran pregunta es ¿por qué esta Verdad íntima de lo Viviente es la más clausurada (no sólo en cuanto a la búsqueda de esa Verdad sino a su existencia misma), la que más se escatima a los vivientes?

               El cine de Serguei Paradzhanov (Tiflis, Georgia, 1924-Ereván, Armenia, 1990) suele calificarse de estilizado (es en este sentido que por lo general se usa el adjetivo “poético”), con lo que se le define como una serie de artificios superpuestos, muy lejanos al “realismo”; y sin embargo, cuando el gran cineasta armenio-ucraniano preguntaba a sus amigos si les parecía que sus guiones eran pura invención, y ellos respondían afirmativamente, Paradzhanov les decía que, al contrario, eran para él realismo puro, aquel que respondía a la estricta verdad tal como él la percibía; se trata de la verdad transformada en imágenes por medio del genio y de la pasión en un mundo en que la verdad se vende como algo “sencillo” y hasta palmario, que cualquiera puede reconocer sin esfuerzo alguno. (DGD)]

 


 


 


 


 


 


 

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