viernes, 16 de abril de 2010

Jodorowsky o los 500 días de (guar)dar

DGD: Frontispicio 9, 2008

La editorial barcelonesa Huacanamo ha publicado un libro de Alejandro Jodorowsky que este artista declara haber esperado tener en sus manos casi toda una vida: Poesía sin fin, su poesía completa.
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El bello y muy cuidado volumen, de 478 páginas, reúne todos los poemarios publicados hasta ahora por Jodorowsky: Imagen del alma, De aquello que no se puede hablar, Canciones, La escalera de los ángeles, Sueños felices, No basta decir, Yo, el Tarot, Solo de amor, Todas las piedras y Pasos en el vacío, además de dos textos inéditos; el libreto teatral Muro de hierro y el poema Ver.
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En el prólogo a Todas las piedras, Jodorowsky describe su fascinación por el haiku japonés, esas formas poéticas que, “en un mínimo de palabras, encierran un inmenso contenido”. Un experimento notable, ligado a la disciplina y el rigor, da origen a este poemario: “Durante 500 días”, comenta Jodorowsky en ese prólogo, “cada mañana busqué escribir, con el mínimo de palabras, un sentimiento o un pensamiento que me ayudara a soportar mejor los embates de ese sueño implacable que llamamos realidad. Sin estas exiguas líneas brillando sobre las tinieblas, no habría podido continuar viviendo. De piedra en piedra me fui forjando un camino en el pantano”.
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El autor prefirió no respetar la tradicional métrica del haiku (tres versos, de 5, 7 y 5 sílabas respectivamente): “Quise ir hacia otra dimensión, me atrevo a llamarla metafísica, liberándome primero de contar las sílabas, para que las palabras se acortaran o alargaran cuanto quisieran. Y, segundo, permitiendo que mi poesía se abriera para dejar entrar en su misterioso seno a la filosofía. Sabiendo que algunos reptiles ponzoñosos son de una belleza sublime, no me conformé con una expresión sólo estética: paso a paso, convertí los pequeños versos en proposiciones éticas, terapéuticas y, en lo posible, iniciáticas”.
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Uno de los hilos que se entretejen en este vasto tapiz es el del acto de dar. La siguiente es una pequeña antología que sigue ese hilo y sus concomitantes: treinta de esas piedras que no sólo dibujan un camino de salvación sino que son, cada una, una Lapis Philosophorum. [DGD]
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4
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No me agradezcas
lo que te he dado
Me ha sido dado
sólo para ti
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7
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Si te pidiera más
te tendría que dar más
y ya no me queda nada
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10
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Lo que te doy
me lo doy
Lo que no te doy
me lo quito
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118
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Cuando logres
el silencio interior
escucharás
el llanto del mundo
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148
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Como un ladrón nocturno
siembro en tierras ajenas
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173
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No te poseo
pero me enriqueces
brillante luna
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203
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Más importante que la luna
el índice que muestra la luna
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212
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El mejor pilar
no sostiene nada
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249
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Te desprendes
de lo que posees
Eres lo que das
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250
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Pobre perdedor
nunca dejas ganar al otro
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264
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Si das ofendes
Pon al alcance
en forma anónima
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266
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Quiero dar
sin saber
lo que doy
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273
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Que mis males
sean sólo para mí
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294
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El infierno no es sufrir
Es el orgullo de sufrir
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295
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Si ahora es útil
ahora es verdad
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327
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Un ciego propone
apagar todas las lámparas
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344
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Mi hogar
es la palabra gracias
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365
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Arrastro como una viuda
las soledades del mundo
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372
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No busques crear
deja crecer
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373
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No critiques
siembra conciencia
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376
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Aunque no sepas
lo que quieres
quieres
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397
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Cuando sufro
no me des como consuelo
tu sufrimiento
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401
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Saber recibir
es dar
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406
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Sacrifico
la parte de mí
que sacrifica
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410
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Cura más que el remedio
la dificultad de obtenerlo
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412
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No puedo cambiar al mundo
pero puedo enriquecerlo
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417
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El problema es pequeño
la solución enorme
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418
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Si no amas todo
¿cómo puedes amar algo?
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469
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A sus órdenes
y prohibiciones
llaman amor
**
**
473
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El alma nacida ciega
se cubre de ojos
que no temen ver
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[Alejandro Jodorowsky: Poesía sin fin, Huacanamo (col. Alambique 4), Barcelona, 2009; 478 pp. ISBN 978-84-937432-4-6.]
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[El desafío implícito en Todas las piedras se corresponde con el de un blog para el que Jodorowsky escribe un cuento mínimo (o cuentínimo, o cuentín) cada día desde hace más de cien jornadas. Este blog puede visitarse haciendo click aquí.]
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3 comentarios:

Álvaro Quintana dijo...

Hola, Daniel:
muy interesante tu blog. En parte yo quiero hacer algo parecido con el mío. He dado con tu sitio buscando comentarios a la obra de Keith Jarrett y he encontrado el excelente post que dedicas a los Sun Bear Concerts. Lo incluyo en un pequeño post que he pergeñado, dedicado al jazz. Por si te interesa:

http://espitolas.blogspot.com/2010/04/libertad-vigilada.html

Un saludo desde España!!

Daniel González Dueñas dijo...

Álvaro: gracias por el link en tu blog, que estoy recorriendo. Espero verte por acá de tanto en tanto. Un abrazo desde México.

Álvaro Quintana dijo...

Hola, Daniel.
Me alegra mucho que te guste el blog. Seguiré comentando todo aquello que me parezca digno de atención, desde música clásica a películas y libros.
He leído atentamente tu artículo y me ha parecido muy interesante. Como dices, el mecenazgo ha existido desde siempre. Y mucho más en un arte como el cine, el cual, a diferencia de otros como la escritura (donde sólo se necesita lápiz y papel), es un medio profundamente "técnico", es decir, hacen falta actores, técnicos, material... Así pues, hace falta muchísimo dinero y la autofinanciación no es una posibilidad.
Es cierto que el pone el dinero sólo tiene eso, dinero, y por lo general una carencia de buen gusto que le vuelve opaco todo aquello que el artista realiza, pero los peligros de extenderle a alguien un cheque en blanco se evidencian con el caso de Coppola y "Apocalypse Now", o, más aún, con Michael Cimino y "La puerta del cielo".
La otra alternativa, a mi juicio, sería el abandono de las superproducciones y la perseverancia en proyectos más "modestos" (y quiero resaltar las comillas) como las películas de Woody Allen o los proyectos de Coppolo tipo "Rumble Fish". Es decir, contar mucho con poco. Pero la relación de amor/odio de los cineastas con Hollywood es bastante ambibalente, a mi juicio. ¿Cómo explicar si no esa perpetua servidumbre de casi todos los grandes cineastas a un premio tan sucio y carente de valor como el Oscar? Tristísimo espectáculo el de alguien como Scorsese, con su carrera ya labrada y que no tiene que demostrarle nada a nadie, subiendo a recoger ese premio de consolación llamado "Oscar a toda una carrera". Como decía Flaubert, las obras premiadas son las que dan categoría a los premios, no al revés. En el Oscar pasa justo lo contrario.
En fin, estas son algunas de las reflexiones que me vienen a la cabeza leyendo tu artículo, aunque daría para muchas más.
Un fuerte abrazo.