sábado, 26 de junio de 2010

Rayuela: los dilemas de la traducción

DGD: Textil 122, 2010
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Se dio una mecánica curiosa en la traducción de Rayuela al inglés (Hopscotch), hecha por un amigo de Cortázar y también amante del jazz, Gregory Rabassa (nacido en 1922). Cortázar colaboró muy de cerca en esta traducción a través de correspondencia,[1] y en ciertos casos esta colaboración fue tan insólita que bien puede decirse que Hopscotch es un libro muy distinto de Rayuela.
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La mayor discrepancia entre ambas versiones se da en las letras de canciones que son citadas en inglés en las ediciones españolas (en su gran mayoría de discos de jazz y blues norteamericanos de los años veinte y treinta). Estas letras fueron sustancialmente cambiadas en la edición inglesa, acaso debido a problemas de derechos de autor, y también a que el traductor encontró errores en las letras, que probablemente Cortázar había escrito de memoria o transcribiendo de discos defectuosos (aunque en muchos casos mejoró la sintaxis).[2]
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El capítulo 106 de Rayuela consiste en dos segmentos de letras de blues: el primero proviene de la pieza “Between Midnight and Dawn” del músico negro Johnny Temple (1906-1968), una de las más poderosas voces del blues originario. El segundo pertenece a la canción “Blues Everywhere”, y ahí aparece acreditado a “The Yas Yas Girl”, que era el nombre artístico de la gran cantante negra Merline Johnson, nacida hacia 1912 en Mississippi.
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En el mismo capítulo de la versión inglesa ya no aparecen los nombres de Temple y de “The Yas Yas Girl”, además de que las letras de las canciones han sido sustancialmente cambiadas:
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[Rayuela, capítulo 106:]
Between midnight and dawn, baby we may ever have to part,
But there’s one thing about it, baby, please remember I’ve always been your heart.
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[Hopscotch, chapter 106:]
Between now and tomorrow, babe, morning, we’ll have to part
midnight to morning, babe, tomorrow we’ll have to part
Please remember just one thing about it, I’ve always been in your heart.
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Evidentemente, de haberle sido posible Cortázar habría insertado no sólo las letras sino las canciones originales en este y otros capítulos. El jazz es el alma misma de Rayuela, tanto por su fuerte individualismo y su libertad expresiva como por sus elementos esenciales: sentido sincopado, insistencia rítmica, timbres instrumentales insólitos e improvisación, todo ello sustentado en una palabra mágica: el swing, que el propio Cortázar describe como esencia de su forma de escribir. El jazz resulta fundamental ante todo por su carácter de figura:[3] los músicos construyen sin estructuras, no guiados por el intelecto sino por la pura intuición.
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Acerca de la intuición, Cortázar comenta en una entrevista de 1976: “Los niños son intuitivos por naturaleza, pero su intuición no va demasiado lejos. Lo importante es saber guardar esa calidad intuitiva del niño, esa virginidad de la mirada, del olfato, de los sentimientos, y reforzarla a lo largo de la vida con la cultura, con el paralelismo de millones de cosas que se van acumulando en la memoria, se van entretejiendo y facilitan la intuición”.[4]
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Notas
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[1] Varias de sus cartas al traductor se recopilan en Julio Cortázar: Cartas (3 v.), Alfaguara, Madrid, 2000. Rabassa narra algo de esta experiencia en If This Be Treason: Translation & Its Discontents, New Directions, Nueva York, 2005.
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[2] Información sobre los artistas y temas citados en Rayuela puede encontrarse en The Red Hot Jazz Archive.
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[3] Respecto a esta palabra y su sentido de constelación en la obra cortazariana, véase D.G.D.: Las figuras de Julio Cortázar, Aldvs Editora/Conaculta, col. Las Horas Sitiadas, México, 2002.
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[4] Entrevista de Sara Castro-Klaren: “Julio Cortázar Lector”, en Cuadernos Hispanoamericanos, n. 364-366, Madrid, octubre-diciembre de 1980.
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[Del cuaderno de lectura Para leer Rayuela, en preparación.]
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Ciclo Rayuela
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