martes, 15 de septiembre de 2009

Entrevista a un vigiliador

DGD: Redes 130, 2009
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...y en lo cotidiano se abren fisuras por donde atisban curiosas criaturas del sueño que soñamos...
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Bioy Casares

—¿Qué es un vigiliador?
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—Bueno, un hecho dado y aceptado por todos es que hay vigilia y hay sueño, ¿no? Todos entendemos y aceptamos que el soñador sueña su sueño. En la balanza (porque todo se da en equilibrios), el vigiliador es el que “vigilia” su vigilia. En ambos casos se habla de una construcción: el soñador construye su sueño, el vigiliador construye su vigilia.
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—No queda muy claro todavía.
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—Y es apenas el principio. Lo que hace el soñador es estrictamente individual. Es casi imposible que yo pueda entrar en tu sueño. Es decir que cada quien construye su sueño al soñarlo. En la balanza, lo que hace el que está despierto es estrictamente colectivo. Es casi imposible que uno solo comience a construir una realidad diurna totalmente distinta de la que construyen en conjunto los demás. El desafío está muy claro: el soñador debe soñar un sueño en el que puedan colaborar otros soñadores, mientras que el vigiliador debe “vigiliar” una vigilia en la que nadie sino él pueda entrar. En ambos casos se habla de la construcción de una sola realidad, no de muchas.
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—Pero ¿qué es esto, una nueva religión, una disciplina mística, una sacralización del solipsismo?
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—Tiene más que ver con el arte. El solipsista cree que toda su vigilia es irreal mientras que sólo él es real. Pero hay que verlo desde los dos universos a la vez. Lo que hace el solipsista es confundir su sueño con su vigilia. En el sueño es así: él es real mientras que todo lo que lo rodea es irreal; o no, mejor dicho, no es irreal sino una realidad que él moldea sin darse cuenta de cómo lo hace. Y como no sabe cómo lo hace, esa realidad lo hace por él. El vigiliador sabe que todo es real y sólo él es irreal, o no irreal sino una invención de la realidad diurna.
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—¿Y cuál es el desafío, la tarea, el quest?
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—El vigiliador comienza a soñarse a sí mismo para volverse tan real como lo que lo rodea, del mismo modo en que el soñador se vigilia a sí mismo en sus sueños para aprender cómo la realidad nocturna puede moldearse a voluntad. En la vigilia es una búsqueda (un quest) completamente individual. En el sueño el desafío es colectivo. El soñador tiene que despertar (por así decirlo) a las criaturas que ve en sueños, del mismo modo en que el vigiliador debe aprender el modo en que la realidad diurna lo sueña.
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—¿Cómo hacen eso el soñador y el vigiliador?
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—Todos los hechos y las vías están dados en la balanza: sólo hay que llevar lo de un plato al otro. Ser humano no es estar despierto y dormido por turnos, sino convertirse en un soñador en la vigilia y un vigiliador en el sueño. Sólo así es posible la construcción de la realidad.
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—Según lo que dices, el soñador debe aprender a trabajar colectivamente, mientras que el vigiliador debe hacerlo individualmente, ¿es así?
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—Sí. El soñador está muy solo porque los seres que lo rodean en su sueño son proyecciones de sí mismo, formas que la realidad nocturna toma de él para rodearlo. Sólo hay “yo” en el sueño, todo “tú” es irreal (o eco de su “yo”, es decir una parte subsidiaria de su realidad nocturna). El soñador debe aprender la forma de convocar a seres reales, no proyecciones de sí mismo sino proyecciones de la humanidad. Sólo así el sueño se vuelve realmente real, lo que significa creativo: es decir, cuando hay en verdad un “tú”.
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—¿Y el vigiliador?
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—El vigiliador está siempre acompañado; aunque esté solo en la vigilia, lo rodean por todas partes seres reales que le roban realidad, por así decirlo. Es por eso que se dice que el yo es siempre irreal y sólo es real el tú. Como no ha aprendido a crear su realidad, ella lo vuelve irreal para aplicar esa realidad a aquellos a quienes esa persona ve como “tú”. Entonces, lo que el vigiliador debe hacer es aprender la forma de soñar a sus semejantes de tal manera que la vigilia deje de restar realidad al “yo” y comience a dársela. Sólo así la vigilia se vuelve realmente real, es decir creativa: cuando el “yo” es real.
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—Si entiendo bien, se trata de diluir el yo en el sueño y de diluir el tú en la vigilia.
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—Entiendes mal. No se trata de disoluciones en ninguno de los casos. Se trata de construcciones. Si en tu sueño tú me construyes... o bien, para que entiendas, cambiemos el verbo: si tú en tu sueño me invitas, yo entro en tu sueño. Ya no estás solo, ya no únicamente hay uno real y otros irreales: hay dos reales que colaboran para “invitar” a otros. Eso es lo que se llama “vigiliar” el sueño. Hacer que el único “yo” del sueño se vuelva un “nosotros”.
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—¿Y en la vigilia?
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—La balanza te lo dice muy claro: no se trata de diluir el “tú”, o sea el yo de los otros, sino de hacer que ellos dejen de restarte realidad en cuanto cada uno de ellos es un “tú” respecto a tu “yo”. Eso es soñar la vigilia: hacer que el “yo” deje de ser irreal respecto a un “tú” que es real. Te sueñas en la realidad diurna lo suficiente como para tener una realidad propia, tan propia e irrepetible que no puede ser “robada” por los demás (por los “tú”). Se trata de hacer que el “ustedes” se vuelva un “ustedes y yo”.
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—Las dos cosas parecen impracticables, sencillamente imposibles: invitar a otros a tu sueño, soñarte en la vigilia para ser en verdad un “yo”.
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—Sí, justamente “parecen” imposibles, pero no necesariamente lo son. Todo hecho “dado” debe ser transformado en un hecho que tú “das” y luego en uno que todos “dan”, se dan. Existen vías para ambas tareas paralelas; las escuelas esotéricas lo vienen diciendo desde hace milenios. Aquella a la que pertenezco lo dice de una forma muy bella: vigiliar tu sueño y soñar tu vigilia son las dos caras de un solo acto: el de crearte un alma. Un alma que es al mismo tiempo individual y colectiva, sucesiva y simultánea, de un hombre y de todos.
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—Sigo como al principio...
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—Bueno, si te interesa realmente, puedo describirte algunas de las técnicas que usamos...
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1 comentario:

alicia dijo...

Apasionante acontecer...