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H.G. Wells: invisibilidad política
D.G.D.
Nueve novelas conforman la primera etapa en la copiosa obra de Herbert George Wells (Bromley, Inglaterra, septiembre 21 de 1866-Londres, agosto 13 de 1946); cinco de ellas son celebérrimas: La máquina del tiempo (1895), La isla del doctor Moreau (1896), El hombre invisible (1897), La guerra de los mundos (1898) y Los primeros hombres en la Luna (1901). Las demás de la etapa 1895-1900 son menos conocidas pero igualmente memorables: La visita maravillosa (1895), Ruedas de fortuna (1896), Cuando el dormido despierte (1899) y El amor y el señor Lewisham (1900). Todas ellas tienen fuertes protagonistas, pero ninguno de ellos es tan misterioso como Griffin, protagonista de El hombre invisible, un individuo que consigue ser “tan invisible como todas las almas” (la frase es de Verne en su incursión en el tema de la invisibilidad, El secreto de Wilhelm Storitz, escrita en 1904 y aparecida en 1910 como obra póstuma).
Las implicaciones de El hombre invisible son innumerables, pero hay una en que parece conectarse directamente con la figura del autor: la invisibilidad del Wells político. Anthony West, en el libro en que recoge aspectos de la vida de su padre, H.G. Wells, recuerda: “Poco después de su regreso a Inglaterra, Henry James publicó un artículo en The Times Literary Supplement, en el cual describió paternalistamente a mi padre como un miembro de la más joven generación, comparando su trabajo con los de Hugh Walpole y D.H. Lawrence, quienes eran por entonces principiantes (y menores que James en más de quince años). James consideró el trabajo anticipativo de mi padre como una horrible advertencia. Sus novelas debían tomarse como una demostración de los maléficos efectos que un compromiso político hacia las ideas democráticas tenían en el estilo literario de H.G. Wells. La decadencia del interés y calidad en su anteriormente fascinante trabajo —argumentaba James— debía verse como signo de los tiempos, un indicador del colapso general de la literatura y de los parámetros artísticos, colapso esperable además a medida que más y más gente sucumbiera a las ideas democráticas”.
Wells fue siempre un socialista convencido y miembro de la Sociedad Fabiana, una organización existente hasta la actualidad y que, a diferencia del cambio revolucionario preconizado por Marx, cree en la evolución gradual de las sociedades hacia el socialismo y apuesta por el trabajo discreto y las reformas graduales en un intento pacífico por llevar poco a poco a un mundo socialista. Wells se presentó como candidato del Partido Laborista por la Universidad de Londres en las elecciones generales de 1922 y 1923 y fue miembro de The Other Club, un club londinense co-fundado por Winston Churchill, un ávido lector de sus libros. Cuando era ministro subalterno, Churchill tomó prestadas frases de Wells para sus discursos, por ejemplo “la tormenta que se avecina” (the gathering storm), con la que en 1906 describió el ascenso de la Alemania nazi; la frase había sido acuñada por Wells en La guerra de los mundos.
Fueron extensos los ensayos de Wells sobre la igualdad y los derechos humanos, y en particular uno de ellos, The Rights of Man (Los derechos del hombre, 1940), sentó las bases de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, adoptada por las Naciones Unidas poco después de su muerte. Redactado en plena segunda guerra mundial, el manifiesto de Wells establece los derechos esenciales del ser humano: derecho a la vida y al sustento universal; educación, información y acceso al conocimiento; trabajo digno y remuneración justa; propiedad privada y protección personal; libertad de movimiento y pensamiento.
Mientras que las novelas de Wells han sido traducidas a multitud de lenguas, un texto fundamental como The Rights of Man, que en su momento tuvo un masivo alcance internacional y fue traducido a unos treinta idiomas, fue luego desestimado y no tiene traducción al español, ni estudios de su contenido. Wells escribió más de setenta libros de ensayo político, sociológico y utópico, entre ellos Anticipaciones (1901), Una utopía moderna (1905), Una breve historia del mundo (1922), El destino del Homo Sapiens (1939) y la esencial Experimento en autobiografía (1934). A diferencia de sus novelas de ciencia-ficción, que se reeditan constantemente, su prolífica obra de ensayo político llegó al mundo hispanohablante de forma muy esporádica, principalmente durante la primera mitad del siglo XX. En esa época varios de estos ensayos fueron traducidos al español, pero en la actualidad la gran mayoría son ediciones antiguas, descatalogadas o difíciles de conseguir. La invisibilidad de Griffin es arquetípica; en uno de sus aspectos fue, para Wells, lamentablemente y estratégicamente literal.
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P O S T A L E S / D G D / E N L A C E S





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