viernes, 27 de febrero de 2026

Hombre de Vitrubio: la sagrada proporción (2)

 

DGD: Postales, 2021-2026.

 

r e t r a t o s   (e n)   (c o n)   p o s t a l e s

El Hombre de Vitrubio: una cosmografía del microcosmos (2)

D.G.D.

 

Puesto que la obra de Vitrubio (siglo I a.C.) se conservó sin las ilustraciones originales durante milenio y medio (la primera edición ilustrada se publicó en Venecia hasta 1511 con grabados en madera hechos a partir de las descripciones del texto), durante un largo tiempo representó un misterio el modo en que el arquitecto y tratadista romano imaginaba las proporciones ideales del ser humano; sobre todo no estaba claro en qué zona del cuerpo humano debía colocarse el centro del círculo que lo rodeaba. Se sabía que De Architectura estaba basada en la antigua idea según la cual las dimensiones del ser humano siguen leyes matemáticas, pero no se llegaba a una representación gráfica suficientemente sintética y elocuente de este principio. Fue hasta el momento en que Leonardo da Vinci, hacia 1490-1492, ilustró la descripción de Vitrubio, que el enigma fue resuelto, puesto que todas las reglas mencionadas por De Architectura y su cosmovisión se reflejaban en el celebérrimo dibujo leonardesco. Se trata, desde luego, del Hombre de Vitrubio (conservado en la Galleria dell’Accademia de Venecia y rara vez exhibido al público por razones de conservación).

               Acaso el fragmento de De Architectura que más fascinó a Leonardo fue el siguiente: “El centro del cuerpo es, por naturaleza, el ombligo. Porque si un hombre se recuesta boca arriba con las manos y los pies extendidos, y el centro del compás se coloca en su ombligo, entonces, al describir la línea circular, los dedos de ambas manos y pies son tocados por la línea. Y así como la figura de un círculo se representa en el cuerpo, también la de un cuadrado se encuentra en él. Porque si se mide desde la parte inferior de los pies hasta la coronilla y se transfiere esta medida a los brazos extendidos, se encontrará la misma anchura que altura, como ocurre con las superficies que se hacen cuadradas según la medida del ángulo”.

               El dibujo de Leonardo combina un círculo y un cuadrado, y se dice que ocultó ahí su solución a un antiguo problema matemático: la cuadratura del círculo (el antiguo sueño de construir un cuadrado a partir de un círculo de la misma área). El propio Leonardo escribió: “En la noche de San Andrés encontré el fin de la cuadratura del círculo, y al fin estaba la luz y la noche y el papel en que escribía, y al fin la hora” (Códice Madrid II). El cuerpo humano aparece inscrito en los patrones geométricos fundamentales del orden cósmico, el círculo (Macrocosmos) reflejado en el cuadrado (Microcosmos), unión de lo terrenal y lo divino, y asimismo fusión de lo femenino (el círculo) y lo masculino (el cuadrado). Las implicaciones filosóficas son considerables: durante milenio y medio el hombre —en términos profundos del alma colectiva— se había sentido casi ajeno al cosmos, una mera insignificancia en un orden al que sólo la divinidad podía comprender, era incluso una sombra extraviada, una errata pecaminosa, una manifestación más del Mal que del bien. La vida espiritual no era de este mundo, y por tanto el hombre tampoco era de su cuerpo, y mucho menos podía considerarse la medida de cualquier cosa en un universo en que la materia era demoniaca.

               La sagrada proporción, la armonía perfecta fue el emblema del antropocentrismo renacentista: el hombre ya no era una criatura presa de una Creación incomprensible y aterradora, sino que era capaz de comprender y conectar los aspectos materiales y espirituales del universo. Aún más: el ser humano ya no sólo formaba parte de un cosmos, sino era el responsable de cumplir, a través del arte, la máxima “lo de arriba está en lo de abajo” —las correspondencias estudiadas por Swedenborg y más tarde por Baudelaire y Jung—, y de ahí que la palabra arquitecto (como bien lo verían los masones) deriva de las palabras griegas que significan “maestro” y “constructor”.

               El Hombre de Vitrubio de Leonardo muestra la fusión de dos universos: el hombre dentro de un círculo (homo ad circulum) tiene su centro en el ombligo. En el ser humano comprendido en un cuadrado (homo ad quadratum) el centro es la zona genital; la altura y la anchura del cuerpo con los brazos extendidos son iguales: esto subraya el marco matemático e intelectual que se refleja en la anatomía humana y representa, además, la estabilidad y la racionalidad. La impronta de las galaxias es la de los átomos, y ambas pueden leerse en el cuerpo humano, situado a mitad de camino no sólo entre lo macrocósmico y lo microcósmico, sino también entre el remoto pretérito y el lejano futuro. De ahí la idea de que el hombre es la medida de todas las cosas; esta creencia se muestra en el hecho de que, antes del arribo del metro como unidad de medida, existía la del codo (desde el codo hasta la punta del dedo medio) o del pie (longitud del pie), que aún se utiliza en los países angloparlantes. Era el impulso necesario al orgulloso narcisismo renacentista; con menos soberbia —pero menor efectividad persuasiva— podría haberse dicho que el hombre refleja la medida de todas las cosas, lo mismo que lo reflejan las nebulosas y las moléculas.

               Leonardo no se limitó a ilustrar los principios de Vitrubio sino que introdujo modificaciones, por ejemplo al reducir la longitud del pie de 1/6 a un valor más estético de 1/7 de la altura del cuerpo. Pero el Hombre de Vitrubio no se limitó a ser visto como un mero diagrama: a través del genio de Leonardo absorbió las ciencias ocultas, el hermetismo y las diversas escuelas esotéricas e iniciáticas y se convirtió en la metáfora y el símbolo no sólo de lo que el hombre es, sino de lo que podría ser.

               No se equivoca la Enciclopedia Británica cuando afirma que “Leonardo concibió el gran diagrama del cuerpo humano que había creado a través de sus dibujos anatómicos y el Hombre de Vitrubio como una cosmografía del microcosmos. Creía que el funcionamiento del cuerpo humano era una analogía del funcionamiento del universo”. Y por tanto, estaba convencido de que al estudiar la corporalidad del hombre podían encontrarse respuestas al misterio del universo. En contraposición, lo más “obvio” y “conocido”, el cuerpo humano, comenzó a ser contemplado como un enigma tan grande como el del cosmos. La revuelta contra el espíritu aislado en lo ultraterreno no sólo recuperó la trascendencia de lo material sino que redescubrió una espiritualidad indesligable de la materia. El materialismo era, en su origen, un idealismo que se reconocía en la balanza.

 


 


 


 


 


 

 

* * *

 

P O S T A L E S  /  D G D  /  E N L A C E S

Voces de Antonio Porchia

Postales

Postales de poesía

 

 

No hay comentarios: