jueves, 15 de octubre de 2020

El misterio de los cien monos (LVI)

DGD: Morfograma 107, 2020.

 

 

Los cazadores de coincidencias

 

Science is the record of dead religions.

Oscar Wilde


 

Ciclos significativos en vidas individuales

 

Para elaborar su hipótesis, Paul Kammerer se nutrió de numerosas corrientes ocultistas, aunque sentía hacia el ocultismo una amplia desconfianza. En un curioso fenómeno que se mantiene prudentemente en silencio por ambas partes, a su vez el ámbito de las ciencias ocultas ha recibido una retroalimentación del trabajo del biólogo, de tal manera que a principios del siglo XXI los ocultistas han incluido a la serialidad entre sus propias leyes (mentalismo, correspondencia, causalidad, sincronicidad, vibración y polaridad). No en balde Kammerer cita a los pitagóricos en sus estudios del número siete y analiza la exclamación de Goethe acerca de “ciclos de buenos y malos días que se agitan dentro de mí”. Y aunque sólo menciona una vez a Freud, lo hace para señalar que éste también era afín a las coincidencias y agrupaciones, y que por ejemplo hacía notar (en su correspondencia con Wilhelm Fliess) que los números 23 y 27 podían combinarse para obtener ciclos significativos en vidas individuales. A fin de cuentas, Kammerer, como los místicos, era guiado por el asombro ante lo que en su libro llama “la milagrosa unidad de la naturaleza viva”.

          También la ciencia ha debido aceptar los postulados de Kammerer, como atestiguan los especialistas en sistemas generales George Land y Beth Jarman:

 

Kammerer originó un concepto que ahora puede ser visto como verdadero. Junto con el proceso de entropía [entropy], que es catabólica, hay otro que ocurre en paralelo, el de la “sintropía” [syntropy], anabólica: constantemente la información produce nuevas combinaciones, generando diversidad y más altos niveles de organización. [...] Se ha demostrado que los sistemas organizacionales y sociales tienen dos fases: la formativa y la normativa. Teóricamente existe una tercera: la integrativa. [Breakpoint and Beyond, 1998.]

 

Lamentablemente, la llamada teoría general de los sistemas (general system theory) es uno de los ejemplos más patentes de “mal uso”, ese epíteto que la ciencia conoce tan bien. En este caso se refiere a una corriente científica de ultraderecha que ha obtenido de esa teoría un determinismo radical, uno de cuyos más atroces resultados es la utilización de la cibernética para apoyar un darwinismo social genocida y un Estado corporativo-militar.[1]

 

 

La teoría de sistemas abiertos

 

Vieja es la discusión acerca de si realmente puede separarse el principio teórico, en su “pureza inicial”, de la mala aplicación práctica. De hecho, para marcar una diametral distancia contra tales utilizaciones, se habla ahora de una “teoría de sistemas abiertos” (open systems theory) que decididamente apela no sólo a la ideología contraria, sino al taoísmo y a otras antiguas escuelas no-dualistas, así como al “anarquismo biocéntrico”, en busca de una “democracia radical” basada en el cambio dialéctico de los sistemas abiertos: cada nivel de organización tiene un representante que transmite la decisión del grupo al siguiente nivel, tal como Marx establece en sus ensayos sobre la acción represora de la civilización.[2]

          En todo caso debe reconocerse que, al menos en su plataforma teórica, la teoría general de sistemas es también parte de la búsqueda por trascender la visión mecanicista sobre el universo. Ludwig von Bertalanffy intenta verla de esa manera:

 

Comparada con el procedimiento analítico de la ciencia clásica, cuya esencial categoría es la de los elementos componentes y la causalidad lineal o de un solo camino, la investigación de conjuntos organizados con numerosas variables requiere nuevas categorías de interacción, transacción, organización, teleología. [...] Estas consideraciones condujeron al postulado de una nueva disciplina científica a la que llamamos teoría general de los sistemas. Su objeto es la formulación de principios que son válidos para los “sistemas” en general, sea cual sea la naturaleza de los elementos que los componen y las relaciones o “fuerzas” entre ellos. [...] La teoría general de los sistemas, pues, es una ciencia general de la totalidad. [General System Theory, 1976.]

 

Mas ¿quién define a la totalidad y cómo lo hace? El que aspira a una teoría general, aspira también a una aplicación general de ella. La ideología marca una diametral oposición entre teorías de sistemas abiertos y cerrados. En ambos casos se habla del dilema humano por excelencia: ¿cuál de los extremos apuesta por la humanidad en conjunto? Y sobre todo, ¿cuál de ellos heredará intuiciones como la de Kammerer, a su vez insertas en otras más antiguas que optan siempre por lo abierto?[3]

 

*

 

Libros citados

Bertalanffy, Ludwig von: General System Theory: Foundations, Development, Applications, George Braziller, Nueva York, 1976.

Land, George, y Beth Jarman: Breakpoint and Beyond: Mastering the Future Today, Leadership 2000, Kansas, 1998.

 

 

Notas

[1] Cf. Morris Berman: “The Shadow Side of Systems Theory”, en Journal of Humanistic Psychology 36, Thousand Oaks, California, invierno de 1996; Fritjof Capra: The Web of Life, Anchor Books-Doubleday, Nueva York-Londres, 1996; Jeremy Rifkin y Nicanor Perlas: Algeny, Penguin Books, Nueva York, 1984. Slavoj Zizek dedica a esto el capítulo llamado “Cyberspace, or The Unbearable Closure of Being” en The Plague of Fantasies (Verso, Nueva York, 1997).

[2] Algunos de los detentadores de la teoría de sistemas abiertos dentro de la New Age, como Franklin Rosement y Mitch Cohen, han llegado a postular y divulgar un “marxismo Zen”. Cf. Chris Kortright: “The Tao and Biocentric Anarchism” (en Earth First! Journal 17, Tucson, Arizona, febrero de 1997) y John Clark: “The Tao of Anarchy” (en The Fifth Estate 33, The University of North Carolina, Chapel Hill, verano de 1998).

[3] La teórica eco-feminista Vandana Shiva ha acuñado el término “biopiratería” para marcar su claro rechazo no sólo a los sistemas cerrados, sino al dominio ideológico que se ha basado en ellos. En Biopiracy: the Plunder of Nature and Knowledge (South End Press, Boston, 1997), escribe: “La auto-organización es la esencia de la salud y de la estabilidad ecológica de los sistemas vivos. [...] Los problemas ecológicos surgen cuando se aplica a la vida el paradigma de la ingeniería. Este paradigma se refuerza a través del concepto de ingeniería genética, que tendrá graves implicaciones ecológicas y éticas. [...] La vida es vista más como instrumental que como poseedora de un valor intrínseco. Éste radica en la capacidad auto-dirigida de restauración. La facultad de reparar está, a su vez, relacionada con el salto conjunto [resilience, noción unitaria propuesta por Edward O. Wilson]. Cuando los organismos son tratados como máquinas, y manipulados sin reconocer su habilidad de auto-organizarse, su capacidad de sanar y de reparar se rompe, y requieren más y más control externo para mantenerse”.

 

 

[Continúa.]

 

 

lunes, 5 de octubre de 2020

El misterio de los cien monos (LV)

DGD: Morfograma 106, 2020.

 

 

¿Natural o aprendido?

 

Aparece aquí una pregunta fundamental: el hecho de que resulte casi imposible para un observador cuantificar adecuadamente los contenidos psíquicos y la “realidad objetiva” al mismo tiempo, ¿es un hecho dado, una ley, una fatalidad, o es el resultado de una (de)formación cultural, de un límite humano autoimpuesto? (En lengua inglesa, este tipo de cuestionamientos se sintetiza en uno solo: nature or nurture?, es decir, “¿natural o aprendido?”) En un esfuerzo por ir más allá de la mera analogía subjetiva, Kammerer debió confiar menos en la estadística que en la intuición. Dicho de otro modo: aunque era un hombre de ciencia y buscaba una base científica (“evidencias”), su territorio esencial fue el de la poesía, el ámbito de las grandes intuiciones.

          La única diferencia palpable entre sincronicidad y serialidad es explicada por el bio-ecólogo australiano Michael A. Forster en “Seriality, Synchronicity and Complexity Science: the Relationship” (2003): “La diferencia significativa es que la sincronicidad incluye a la psique humana y al modo en que los contenidos de ésta se relacionan con los objetos exteriores, de tal manera que con frecuencia un suceso sincrónico es, para un observador, una coincidencia significativa”. Buscando una diferenciación más clara, en noviembre de 2003 formulé a Forster esta pregunta por correo: “¿Otra forma de diferenciar ambos términos sería decir que la sincronicidad es esencialmente psicológica, mientras que la serialidad es física?” Su respuesta fue:

 

La diferenciación basada en colocar la serialidad en el reino físico y la sincronicidad en el psicológico es correcta. Sin embargo, la sincronicidad es esencialmente física en la naturaleza. Imagine a Kammerer sentado en su banca del parque concentrado en el vestuario de los viandantes. En la sociedad de su tiempo sólo había un cierto número de formas en que la gente podía vestir y, por tanto, sólo un cierto número de combinaciones que podían pasar ante sus ojos. Debido a las leyes del azar es inevitable que ocurriera un suceso serialístico. Ahora imagine a una persona que se sienta en esa banca del parque pensando acerca del mundo. Sólo existe un cierto número de cosas que esa persona puede pensar en cada fracción de tiempo. Ahora bien, si esa persona estuviera pensando en un gato negro con una mancha blanca en el lomo, y justo en ese momento viera pasar a un animal de esas características, entonces ello representaría para esa persona una coincidencia significativa. La sincronicidad ocurre cuando un pensamiento nuestro coincide con algún objeto en el mundo material. De tal manera puede verse cómo la serialidad y la sincronicidad son esencialmente lo mismo.

 

Forster hace incluso notar que, “en lugar de que las depresiones económicas o las guerras afectaran la investigación de Kammerer de un modo negativo, de hecho contribuían a los sucesos que daban origen a las observaciones serialísticas en primer lugar”. Es decir que Kammerer no sólo estaba consciente de las posibles “variables” que actuarían sobre su investigación sino que requería aprender a mirar el modo en que los sistemas se insertan y comunican unos dentro de otros.

 

 

Un nuevo principio de la naturaleza

 

El propio Einstein tuvo el libro de Kammerer en alta estima y afirmó que no era absurdo en absoluto. En el famoso ensayo “Sincronicidad: un principio conector no-causal” (1952), Jung da crédito a Kammerer por su búsqueda de una sincronicidad no causal, y agrega que en el fondo se trata del rastreo de un nuevo principio de la naturaleza, coexistente con la causalidad y la finalidad, y que explicaría los agrupamientos aparentemente azarosos de sucesos similares, es decir, lo que se llama coincidencias en la vida cotidiana (golpes de suerte, simultaneidad de pensamientos o de acciones, repercusión de lo lejano en tiempo o en espacio). En este sentido, la fábula de los cien monos sería un ejemplo extremo de serialidad.

 

*

 

Libros citados

Forster, Michael A.: “Seriality, Synchronicity and Complexity Science: the Relationship”, en Complexity International, Charles Sturt University (School of Environmental and Information Sciences), Thurgoona (Albury, Australia), 2003.

Jung, Carl Gustav: “Synchronizitat als ein Prinzip akausaler Zusammenhange”, en Naturerklärung and Rsyche. Studien aus dem C.G. Jung-Institut, IV, Zurich, 1952. [Synchronicity; an Acausal Connecting Principle, Princeton University Press Princeton, 1973.]

 

 

[Leer El misterio de los cien monos (LVI).]

 

  

sábado, 26 de septiembre de 2020

El misterio de los cien monos (LIV)

DGD: Morfograma 105, 2020.

 

 

Kammerer y el ritmo de aparición

 

Sólo la falta de información de Martin Gardner le impidió incluir en Fads and Fallacies in the Name of Science un tercer nombre esencial junto a los de Reich y Fort: el del biólogo austriaco Paul Kammerer, y no sólo porque también éste intentó atacar el dogma darwinista y reivindicar a Lamarck, sino por su máxima propuesta teórica, el concepto de serialidad, expuesto por vez primera en 1919 con la publicación de su libro Das Gesetz der Serie (La Ley de la Serialidad). Ese concepto está íntimamente relacionado tanto con la fábula de los cien monos como, en otro nivel, con la concepción de campos mórficos de Rupert Sheldrake (no es difícil imaginar que el nombre de este último quedaría incluido en una edición actualizada del libro de Gardner, así como en repetidas ocasiones Sheldrake ha sido atacado por el Skeptical Inquirer).

          En principio, la serialidad es descrita de modo casi idéntico a la sincronicidad: “la recurrencia coherente de cosas o acontecimientos iguales o parecidos en tiempo y espacio sin una conexión causal entre cada recurrencia”. En su biografía de Kammerer (The Case of the Midwife Toad, 1971), Arthur Koestler se detiene en la expresión “recurrencia coherente”: este último adjetivo parece sugerir que la serialidad responde a leyes causales, mas Kammerer buscaba demostrar exactamente lo contrario: que las coincidencias, sean individuales o consecutivas, son manifestaciones de un principio universal independiente de la causación física. Es así que Koestler provee una definición más comprometida con las fuentes de la serialidad:

 

Al lado de la causalidad de la física clásica, existe en el universo un segundo principio básico que tiende a la unidad, una fuerza de atracción comparable a la gravedad universal. Sin embargo, mientras que la gravedad actúa sobre toda masa sin discriminación, esta otra fuerza universal procede selectivamente para unir las configuraciones semejantes, tanto en espacio como en tiempo, y las correlaciona sólo por la afinidad, sin importar que la semejanza sea de sustancia, forma o función, o incluso si se refiere a símbolos.

 

En efecto, el gran acierto de Kammerer fue incluir lo simbólico en el mundo de lo real y concreto.

          Kammerer era multifacético: se consideraba materialista dialéctico y monista (Koestler lo llama un “devoto ateo”), y era masón y miembro del Partido Socialista Austriaco. Hombre de temperamento mercurial cuyas dos pasiones eran las mujeres y la música, era allegado a artistas, músicos e intelectuales congregados en Viena, entre ellos Gustav Mahler y Bruno Walter;[1] él mismo era compositor de canciones y un respetado crítico musical. En tanto hombre de ciencia, para probar y afinar su hipótesis de la serialidad siguió una curiosa metodología: acostumbraba sentarse en la banca de un parque y anotar con el mayor cuidado las características de los viandantes que fortuitamente cruzaban su campo de visión: edad, sexo, vestimenta, accesorios... (lo mismo hacía en sus viajes por tren desde su casa en los suburbios de Viena hasta su lugar de trabajo). Realizó estas observaciones durante más de veinte años y de este modo notó que, pese a ser elementos dispuestos por completo al azar, había órdenes, coincidencias y patrones (como se diría más tarde, observó “sistemas organizados por sí mismos cuando no existían constricciones para dirigirlos hacia una particular dirección”). Años después, la misma conclusión se obtuvo en áreas como economía, finanzas, física, biología evolutiva, sociología estadística, etcétera.[2]

          Al método de observación de Kammerer se ha objetado el hecho de que cualquier persona que se empeñe lo suficiente, termina viendo “serialidades” por todas partes. Esto se explica en términos más abstractos: la psique humana sólo puede manejar o contener una cierta cantidad de “contenido psíquico” y sólo uno de éstos puede ocurrir en una coordenada temporal dada. Un observador contempla y a la vez experimenta el mundo exterior, que a su vez tiene una limitada cantidad de objetos diferentes; resulta, pues, inevitable, que tarde o temprano ese observador detecte patrones, configuraciones o regularidades, fenómeno bien conocido por los elaboradores de estadísticas, los apostadores y las compañías de seguros.

          La objeción, pues, alude a la parcialidad del observador. Imaginemos a Kammerer sentado en el parque: cuidadosamente registra la hora exacta en que determinados elementos cruzan su campo de visión, digamos sombreros de color café; con el correr de los días, primero, y de los meses y años después, notará que hay ciertas horas del día (y días de la semana, y meses del año) en que se presentan con mayor frecuencia y periodos en que sucede lo contrario. Lo mismo hará en respectivas gráficas para gabardinas oscuras, vestidos blancos, guantes o sombrillas de similares características. Todas estas apariciones serán registradas en sus cuadernos, pero quizá considere tal tabulación demasiado fácil y busque, por así decirlo, coincidencias de un nivel superior, por ejemplo hombres que usan a la vez sombrero café y gabardina, o mujeres ataviadas con vestido blanco, guantes y sombrilla. Su atención, predispuesta a destacar elementos sueltos o conjuntos de ellos, dejará de atender muchos otros elementos o conjuntos posibles, que sin duda estarán marcando su propio ritmo de aparición, es decir, su serialidad.[3] Sin embargo, es obvio que Kammerer tenía que haber estado consciente de las parcialidades en su método de observación; resulta presumible que —como se verá más adelante— lo que le interesaba no eran las meras recurrencias, sino la detección del ritmo que ellas marcan.

          Otra objeción podría dirigirse al ámbito de lo real elegido por el investigador, que depende demasiado de la moda y los estratos sociales de su tiempo (el sombrero o los guantes son prerrogativa de clase media o alta), así como de horarios de oficinas o escuelas (ello determina que en las mañanas o las tardes se acentúen ciertas apariciones) y de calendarios sociales (los fines de semana habrá lecturas muy distintas), etcétera. En términos de principios del siglo XXI: existían ciertas constricciones en el sistema organizado por sí mismo para dirigirlo hacia una particular dirección.

          Por más que Kammerer haya buscado una “porción de la realidad” lo más libre posible de restricciones (por ello descartó regularidades burdamente serialísticas, como uniformes militares o de colegio), las había y de modo considerable: moda, estratos sociales, horarios y calendarios, por no mencionar clima y estaciones del año, o factores que afectarían la investigación de modo notable (carestía, huelgas, epidemias, guerras), o incluso sucesos que escaparan a la atención del investigador (por ejemplo, podría haber un remate de sombreros o sombrillas en un almacén cercano). Kammerer estaría consciente de ello, y lo primero que debe haber obtenido es la certeza palpable de que no existe un sistema aislado de otro. Si no cambió de ámbito de lo real fue acaso por esto, y también por otras dos razones primordiales: 1) estaba obsesionado con un específico rumbo de búsqueda que sostuvo durante mucho tiempo y con el que estaba familiarizado en tanto enigma; 2) le interesaba menos obtener “lecturas estadísticas” que educar su percepción para saber mirar la serialidad en cualquier ámbito.

 

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Libros citados

Koestler, Arthur: The Case of the Midwife Toad, Random House, Nueva York, 1971. Apéndice: “The Law of Seriality”.

Mahler-Werfel, Alma: Mein Leben, Fischer Verlag, Frankfurt, 1960.

 

Notas

[1] Poco después de la muerte de Mahler, la esposa de éste, Alma, trabajó por un corto periodo como asistente de Kammerer; Alma registra algunas anécdotas, así como un oscuro retrato del biólogo (como se verá adelante), en su autobiografía, Mein Leben (1960).

[2] Algunas de estas conclusiones se recogieron, respectivamente, en estos títulos: Benoît B. Mandelbrot: “The Variation of Certain Speculative Prices” (en Journal of Business, 36, Londres, octubre de 1963); Stuart A. Kauffman: The Origins of Order: Self-Organization and Selection in Evolution (Oxford University Press, Nueva York, 1993); Mark E.J. Newman: “Self-Organized Criticality, Evolution and the Fossil Extinction Record” (en Proceedings of the Royal Society of London, Series B, 263, Londres, 1996); Per Bak: How Nature Works: The Science of Self-Organised Criticality (Copernicus Press, Nueva York, 1996); J.H. Laherree y Didier Sornette: “Stretched Exponential Distributions in Nature and Economy: ‘Fat Tails’ with Characteristic Scales” (en European Physical Journal, B 2, Londres, 1998); Rosario N. Mantegna y H. Eugene Stanley: An Introduction to Econophysics: Correlations and Complexity in Finance (Cambridge University Press, Cambridge, 1999); Mark Ward: Universality: The Underlying Theory Behind Life, the Universe and Everything (Macmillan, Londres, 2001).

[3] Por establecer un ejemplo entre millones posibles: sería muy interesante enfocar una variante de la búsqueda para detectar si en el mismo sitio (digamos un espacio abierto del parque en donde circularan personas en todas direcciones) sucediera más de una vez que dos damas, caminando juntas, debieran separarse para dejar que pasara entre ellas un hombre que avanzara en sentido contrario.

 

 

[Leer El misterio de los cien monos (LV).]