jueves, 8 de enero de 2026

Kafka: la memoria mítica (3)

 

DGD: Postales, 2024-2026.

 

r e t r a t o s   (e n)   (c o n)   p o s t a l e s

El esbozo de Broskwa

Franz Kafka

 

[La escritura de Kafka ha sido generalmente asociada con el tema de la postergación infinita, pero hay muchas más dimensiones en esa obra; ello trasluce en sus fragmentos y sobre todo en los esbozos de cuentos y relatos que abundan en sus diarios y cuadernos y que son tan poderosos y enigmáticos como sus páginas más conocidas. Un buen ejemplo es un párrafo que Kafka escribió en el reverso de una hoja suelta luego empleada en 1922 para ser parte del manuscrito de El castillo. Este apunte, recopilado por Reiner Stach en ¿Este es Kafka?: 99 hallazgos (2012) con el nombre de “El esbozo de Broskwa”, no es sólo inconcluso sino que comparte con los demás fragmentos kafkianos algo que acaso puede llamarse carácter oracular: es una apertura de ajedrez que crea al tablero en que se juega (y que no tiene una sola dimensión, ni bordes, ni escaques claramente definidos); un impulso hacia una cierta dirección que se multiplica y divide a cada paso; una especie de koan zen que no se enuncia ni espera otra respuesta que esa misma no-enunciación.

   Este es sin duda el origen de una situación que Stach resume: “A algunos [Kafka] les da miedo. Otros, que no lo han leído pero han oído hablar de él, simplemente temen que les dé miedo. Y a algunos más los pone tristes aunque no sepan decir por qué. Otros muchos sienten el soplo de la depresión y por eso dejan sus libros a un lado con cautela. Hay muchas reservas, y el rumor de que en el fondo estaba loco encuentra todavía hoy suficiente alimento, incluso en sus textos más perfectos”.

   De ahí lo meritorio del esfuerzo de Maurice Blanchot por leer a Kafka sin caer en los sobreentendidos que lo rodean tanto en los lectores (“era propiamente kafkiano, te juro”) como en los escritores (que leen a Kafka como el texto que quisieran escribir y a la vez se dan cuenta de que ello es imposible sin ser Kafka); ilustre lector, Blanchot llega a la óptima percepción de esos fragmentos en los que la carencia es más plena que cualquier todo.

   A continuación “El esbozo de Broskwa” completo. (DGD)]

 

Es posible que haya asentamientos europeos más al norte que Broskwa, pero ninguno puede estar más desolado. Tal vez al cabo de algunas generaciones Broskwa llegue a ser una ciudad importante y llena de vida, si el puerto natural que hay a cien kilómetros se despeja gracias a los rompehielos y se construye la línea de ferrocarril anunciada de Gradula, a trescientos kilómetros al sur, a Broskwa. Pero con nada de ello pueden contar por ahora quienes viven ahí. De momento, en Broskwa tenemos que resignarnos a vivir apiñados en las pocas chozas de paja que hay en la plaza del mercado, y con recibir envíos y noticias del exterior dos o tres veces al mes en verano, pero absolutamente ninguna en invierno. Si algún día regreso a Europa podría contar muchas cosas, pero jamás regresaré. Es extraño, basta que a un hombre lo retengan durante un tiempo en un mismo lugar para que comience a hundirse en seguida. Podría pensarse que mi único deseo es salir de aquí, pero no es cierto, en absoluto. Una vez me ofrecieron viajar a Gradula con Brascha, el cartero, con un tiro muy bueno para colmo, y el viaje incluso me habría permitido hacer algunas compras importantes, la verdad es que casi me rogaron que aceptara el ofrecimiento, y llegué incluso a pensarlo durante un día, pero finalmente cedí mi lugar a otro.

 


 


 


 


 


 

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Maurice Blanchot: De Kafka a Kafka (1981), Fondo de Cultura Económica, México, 1991; trad. Jorge Ferreiro Santana.

Reiner Stach: Ist das Kafka? 99 Fundstücke (2011). ¿Éste es Kafka?: 99 hallazgos, Acantilado, Barcelona, 2021; trad.: Luis Fernando Moreno Claros.

 

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