miércoles, 15 de febrero de 2017

Magritte: El imperio de las luces (V)




El feliz donante, 1966.

En El feliz donante, Magritte hace otra combinatoria: el cascabel, el hombre del sombrero hongo y la casa de El imperio de las luces. De modo significativo, este paisaje que se ve en el interior del hombre es totalmente nocturno: equivale a lo que sería el estado “normal” del cielo en El imperio de las luces.
            Una poderosa variante juega El pensamiento que mira: el hombre del sombrero hongo proyecta su sombra en un fondo compuesto por paneles de madera; mientras en el interior del hombre refulge un mar bajo un cielo diurno, dentro de su sombra se aprecia la casa iluminada y encima el cielo nocturno, la luna creciente.

El pensamiento que mira.

El paisaje totalmente nocturno vuelve en La página en blanco, uno de los últimos lienzos del artista.

La página en blanco, 1967.

Los estudiosos de los mitos hablan del “plano de la verosimilitud”. Como buen ejemplo puede citarse aquella escena del Canto XIX de la Odisea, en donde Penélope permanece plácidamente dormida mientras que en el piso de abajo se produce la estentórea matanza que Odiseo hace de los pretendientes. No resulta del todo inútil aplicar los rigores lógicos del realismo al propio mito, que en numerosas ocasiones parece contemplar a la verosimilitud y se preocupa por satisfacerla. Así, la misma Penélope más adelante explica, casi como una justificación de lo que parece un “error de lógica”, que “no es posible que los hombres estén sin dormir, porque los inmortales han ordenado que los mortales de la fértil tierra empleen así cada parte del tiempo”. Sugiere, en un nivel inmediato, que su sueño era pesado debido al cansancio, y en otro nivel (para quienes esa “explicación” no satisfaga), que los dioses pueden haberla sumido en la inconsciencia de modo deliberado porque en la trama del destino no estaba previsto que despertara.
            Si se coloca a El imperio de las luces en el “plano de la verosimilitud” no hay error posible, ni la menor posibilidad de objeción: las reglas de lo verosímil están cumplidas a cabalidad en todos los niveles: el cielo diurno se cubre de la luz previsible, el paisaje nocturno está envuelto en la correspondiente tiniebla. La reunión de ambos en una sola imagen no rompe la verosimilitud de cada uno (en cuyo caso podría hablarse de mentira, de falsificación, de impostura); a la inversa: construye una verdad mayor, contra la cual no funciona ninguno de los recursos de los que se sirve la lógica para desterrar a lo imprevisible.


[Continúa.]

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